Muchos cubanos lucharon en las filas del ejército norteamericano en la segunda guerra mundial aquí mencionaremos algunos de ellos y sus historias. Armando Díaz Fernández, residía en Estados Unidos, a donde había viajado por razones económicas. Fue designado a la 69 División de Infantería del 1er. Cuerpo de Ejército, con la que combatió desde Francia a Alemania. De su participación dejó constancia en el libro Del Hudson al Elba, publicado en Holguín en 1949. Armando participó en la toma de Leipzig y de otras ciudades y poblaciones de Alemania con el Primer Ejército norteamericano, y luego de terminada la guerra fue asignado a Masburgo, donde permaneció por algún tiempo. Nunca pasó de ser soldado.
Otro holguinero Ricardo Gómez Anzardo, murió en un hospital de Holanda el 3 de diciembre de 1944, tras ser herido en acción de guerra en Alemania.

 

En el parque Cárdenas del poblado de Banes, hay un pequeño monumento a la memoria de los holguineros que murieron combatiendo en la Segunda Guerra Mundial: Fructuoso Álvarez Ortigosa, Mario Cisneros Devesa, Eduardo Cruz Proenza, Iván Cruz Proenza, Arthur Gibbons, Laurence Gibbons, Héctor Hernández Almira, William Hillary Delpos, Martín Charles Laffie, Luis Martín Balesta, Ramón Ortuño del Valle, Guillermo Pascual Moreira, Gilberto Rojas Ávila, Jorge Rojas Betancourt, Belarmino Luis Remedios, Héctor Sánchez Maturel, Félix R. Santiago Rodríguez, Edwad Dayle Sera, Geo Suárez Ojeda, Calin Taylor, Ian Taylor, Donald Alfredo Gray, John Anthony Belly y Sergio Cisneros Devesa. Todos estos jóvenes se encontraban en los Estados Unidos trabajando en las más disímiles y humildes tareas y de manera voluntaria fueron a combatir contra el nazismo.


Carlos Gutiérrez Menoyo, jefe del comando que atacó al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, muerto en la acción, era veterano de la Segunda Guerra Mundial. También Calixto Sánchez White, el jefe de la expedición del Corinthia y Humberto de Blanck Ortega, asesinados el 28 de mayo de 1957 junto a sus compañeros, en la sierra de Cristal.
La historia de Ramón Segredo es peculiar. Vivía en Estados Unidos por razones económicas cuando se enroló en el ejército norteamericano. Como parte de la 620 compañía de Policía Militar, peleó en África, Europa Central y Alemania, llegando hasta Berlín. Al triunfar la Revolución regresó a Cuba incorporándose a las milicias y a las zafras del pueblo. Guardaba como trofeo de guerra, un juego de cubiertos ocupado a un oficial de las SS.

Servando Montó y González, de 17 años, e hijo de un mambí español, se fue a Estados Unidos y se enroló como infante en el ejército. Por sus condiciones físicas fue seleccionado para formar parte de la 82 División Aero Transportada. Con ella desembarcó en Francia, resultando herido en combate. Ya en Cuba, en 1957 ingresó al Movimiento 26 de Julio y al triunfo de la Revolución, como capitán de la fuerza aérea rebelde, fue piloto del avión ejecutivo de la presidencia de la República. Hoy es miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
Intelectuales como el destacado pintor Julio Girona, y el periodista y escritor Rómulo Lachatañeré, excombatiente antimachadista, combatieron el fascismo en las filas del ejército norteamericano. Los periodistas José Antonio Benítez y Rolando Meneses, sirvieron en la marina.

El teniente de la USAF Héctor Hernández Almira era holguinero de Banes, nacido en 1914. Viajó a Estados Unidos en 1932 para estudiar en una academia militar.
Héctor participó durante la campaña de Italia ofreciendo apoyo a las tropas de tierra que avanzaban y aniquilando grupos enemigos que resistían el avance. Su avión llevaba pintado en el fuselaje el nombre de Banes, su tierra natal. Con su avión también apoyó el desembarco de las tropas de lo que fue el segundo frente en Normandía, y allí se destacó en los combates aéreos librados contra la aviación alemana.
También se conoce la participación que tuvo Alejandro Hernández Almira, hermano de Héctor, artillero que peleó con el ejército norteamericano.
El 13 de noviembre de 1990, en ocasión del Día del Veterano, las autoridades de la Base Naval de Estados Unidos en la bahía de Guantánamo develaron una tarja a la memoria de los cubanos que, combatiendo en las Fuerzas Armadas de ese país, murieron en la Primera y Segunda Guerra Mundial, y en las guerras de Corea, Vietnam y Líbano. Un coronel norteamericano —de origen cubano—, develó la placa.