Félix de la Caridad Carvajal y Soto fue un famoso deportista cubano de atletismo. Conocido con “El Andarín Carvajal”. Participa en los Juegos Olímpicos de San Luis 1904 en la prueba de maratón. El 6 de mayo de 1905 obtiene la medalla de bronce en el primer maratón del Missouri Athletic Club, efectuado en San Luis, Estados Unidos.
Nació el 18 de marzo de 1875, en un vetusto edificio ubicado en la calle Águila esquina a Malecón, en la barriada de Colón, hoy perteneciente al capitalino municipio de Centro Habana. Se trasladó muy pequeño con su familia para San Antonio de los Baños, al oeste de la actual provincia La Habana. Fue su pasatiempo favorito, cuando niño, correr a la par de los quitrines y los caballos, o subir a paso largo las colinas para dejar sin aliento a sus compañeros de juego.
El 1889, con 14 años, gana su primer lauro en duelo atlético con el español Mariano Bielza. Desde las 8 de la mañana comenzaron a darle vueltas al parque del pueblo y a las cinco el español abandonó exhausto, mientras que Carvajal continuó por dos horas más.

Se cuenta que cuando Juan Manuel Castañón, director de El Rápido, un periodiquito de San Antonio de los Baños, comentó que: “Ese zángano nombrado Carvajal está bueno, no para correr las calles del pueblo, sino para barrerlas”, El Andarín irrumpió en la redacción al siguiente día y sin mediar palabra alguna, golpeó con una fusta de cuero varias veces al agraviante.
Sin embargo, el juicio no alcanzó la trascendencia esperada, pues todo el pueblo, incluido el propio juez, rechazó la ofensa pública infligida al ídolo local que había ganado en buena lid frente al célebre fondista español.
En 1895 marchó a la manigua para convertirse en correo de los mambises. Sus prodigiosas piernas lo llevaron de pueblo en pueblo llevando y trayendo mensajes hasta que tuvo que salir huyendo hacia Tampa, bajo riesgo de caer en manos del enemigo.
Al final la guerra regresa a La Habana, donde ejerce como cartero, barbero, mandadero y hasta portero del Hotel Inglaterra, a la vez que se destaca como deportista.

En el año 1904 la ciudad estadounidense de Saint Louis (en el Estado Missouri) es elegida para acoger la III Olimpiada de la Era Moderna. Alguien piensa que puede ser la oportunidad para Félix y le propone acudir a la cita olímpica para emular a Spiridon Louis, el griego que ganó la primera maratón olímpica moderna, que tras su logro se convirtió en una de las personas más populares de su país.
A Félix le encanta la idea pero tiene un problema. Es pobre como las ratas y no tiene cómo llegar a Estados Unidos. Así que decide pedir ayuda a los habaneros. Se pone una camiseta que expresa “Coopere con un atleta que quiere participar en las Olimpiada de Saint Louis” pidiendo el dinero para el viaje. Al final, su tesón hace que consiga el dinero para el pasaje en barco.
Al llegar a San Luis, se inscribe en la carrera. Llegó con el tiempo tan justo que no tenía más uniforme que sus pantalones y sus duras botas de cartero, lo que provocó las mofas de sus 31 contrincantes (que por cierto, eran todos o americanos o británicos o griegos). Un alma caritativa le ayudó a cortar sus pantalones y así, su aspecto era algo más atlético.

Al poco de empezar la carrera, el Andarín Carvajal tomó una ventaja considerable. Cuando el cubano iba por el kilómetro 15, uno de los favoritos, el estadounidense Fred Lordz, iba por el 10. A los 25 kilómetros, y a 32 grados de temperatura, Félix Carvajal empieza a notar algo que al final, será lo que le hunda: hambre.
El Andarín no había comido desde que salió de Cuba y estaba a punto de desfallecer. De repente, junto al camino, vio un manzano. Carvajal no se lo pensó y cogió cinco manzanas, que decidió comerse en plena carrera. Todavía no había acabado con la cuarta cuando vomitó, pese a lo cual continuó comiendo. Pero enseguida le sobrevino un agudísimo dolor de estómago. Le dio un ataque de diarrea. Tuvo que salirse del camino y evacuar. Cuando acabó, volvió a incorporarse pero de nuevo le dio otro apretón. En una de esas (hasta tres veces tuvo que parar), vio como empezaban a pasar contrincantes. Sólo cuatro pudieron superarlo, pero los suficientes para que Andarín acabara en un triste quinto puesto. Dicen que lloró amargamente. Cinco manzanas (algunos dicen que estaban podridas, otros que simplemente le cayeron mal) le apartaron de la gloria.
Aunque, llegó quinto, el primero, Fred Lordz, fue descalificado, pues se supo que hizo gran parte del trayecto en el coche de su entrenador. Así, consiguió ser cuarto, a un paso de las medallas, que se llevaron los americanos Thomas Hicks, Albert Coray y Arthur Newton. Sólo 14 de los 32 participantes habían acabado la carrera. Dicen que lloraba y lloraba ante la impotencia de que podía ser un campeón y por culpa de su apetito voraz, vio desvanecerse como castillo de naipes su sueño olímpico.
El 6 de mayo de 1905 obtiene la medalla de bronce en el primer maratón del Missouri Athletic Club, efectuado en San Luis, Estados Unidos al que fue invitado.

Personaje pintoresco, continuó sus andanzas deportivas, cosechando más de 57 galardones que quedaron registrados en la edición del 10 de junio de 1916 de El Heraldo de Cuba. En 1928 ya con 53 años logra la proeza de darle 4375 vueltas a la Manzana de Gómez (ubicada entre las calles Monserrate y Zulueta; Neptuno y San Rafael) y dos años después cubre 2300 kilómetros por carretera entre Guane, Pinar del Río y Santiago de Cuba.
Su última carrera fue a finales de la década del 40, antes de un juego en el estadio de pelota del Cerro. “Esto es para demostrar que todavía corro”, respondió a los aplausos del público.

Fallece en una mísera casucha bajo el puente de La Lisa, el día 27 de enero de 1949.