El sacerdote Benito Viñes Martorell, nació el 19 de septiembre de 1837 en Poboleda, al oeste de Tarragona, en Cataluña, España. A los 19 años ingresa como novicio de jesuitas y fue enviado a Cuba por la Compañía de Jesús el 4 de marzo de 1870  para asumir la dirección del observatorio meteorológico del Real Colegio de Belén, inaugurado en 1857 en virtud de sus títulos de catedrático en Física y Ciencias Naturales por la Universidad de Salamanca. Redactó el primer aviso de ciclón tropical documentado en la historia de la ciencia.

En esa agitada temporada se sacudió el occidente de Cuba con al menos tres huracanes, pronto experimentaría Viñes, con toda crudeza, que la realidad iba mucho más lejos que la imaginación y la teoría.

Algunos meses después de su arribo, en octubre de 1870, azotó a la Isla, y en espacial a la provincia de Matanzas, un huracán que dejó centenares de muertos y espoleó el espíritu indagador del padre Viñes. Nunca olvidaría el primer ciclón a que se enfrentó los días 7 y 8 de octubre de 1870.

Pondría todo su empeño en que tales tragedias humanas no sucedieran en adelante.

En 1873 el sacerdote gestionó para su institución, la adquisición de un instrumento mecánico de novedosa tecnología del que existían muy pocos en el mundo: el Meteorógrafo de Secchi, capaz de registrar simultáneamente y de continuo las variables de temperatura, presión atmosférica, velocidad y dirección del viento y la caída de lluvia.

 

Este moderno instrumento operado por el sacerdote, para entonces reconocido como uno de los meteorólogos más brillante de su tiempo, equiparó el Observatorio de La Habana con otros similares de altísimo nivel y competencia científica a escala mundial.

El análisis de aquella información le permitió delinear un modelo teórico acerca de la estructura vertical de los ciclones tropicales, la que dedujo a partir de la expresión de esa estructura en la dirección y forma de las nubes, el rumbo de los vientos en diversos niveles de la troposfera y el valor de la presión atmosférica a diferentes distancias del centro de los ciclones.

Su tenacidad como investigador le permitió elaborar el primer aviso o pronóstico de ciclón tropical reconocido en la historia de las ciencias. Ocurrió el 11 de septiembre de 1875, y es una primicia para la meteorología cubana. Entre 1870 y 1893 vaticinó el paso por Cuba de 33 ciclones.

Viñes descubrió la primera ley sobre el anticiclón del Caribe, sentando así un hito en la historia de estas investigaciones en el mundo y dejando a la posteridad un testimonio sin precedentes sobre este tipo de fenómeno meteorológico.

Con la utilización de las observaciones realizadas acerca de la dirección de los ciclones y los análisis respectivos, llegó a escribir obras de gran importancia para dicha ciencia. Esbozó los principios para el pronóstico, que fueron conocidos y aplicados durante muchos años como “Las leyes de Viñes”, dirigidas a la previsión de los ciclones tropicales. También estudió los terremotos ocurridos en la región occidental del país en esa época, escribiendo el libro “Terremoto de Vueltabajo 1880” junto al ingeniero Don Pedro Salteraín.

Fue Socio de Mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y del Círculo de Hacendados de la Isla de Cuba y en el extranjero Miembro Correspondiente de la Sociedad Meteorológica Alemana, de la Sociedad Científica de Bruselas y de otras en Francia y Alemania.

El padre Viñes alcanzó reconocimientos y premios en congresos celebrados en Filadelfia, Bruselas, París, Barcelona. Se le consideró una autoridad en la predicción y estudio de los huracanes tropicales. Sin dudas es el padre de la Meteorología en Cuba, pues a ella dedicó los 23 años que vivió en el país.

En 1893 los organizadores del Congreso Meteorológico de Chicago lo animaron a preparar un informe sobre ciclones. Lo redactó y le incluyó su método de pronóstico a partir de la observación de las nubes. También las conocidas Leyes de Viñes, cuyos principios fueron trascendentales para entender la dinámica y el comportamiento de los ciclones tropicales en el área geográfica del océano Atlántico.

Este documento fue su testamento científico, pues la noche en que lo concluyó, el 23 de julio de 1893, falleció a causa de un derrame cerebral en el Colegio de Belén a los 56 años.

En Cuba se creó el Premio Benito Viñes, que distingue a los autores de investigaciones con resultados relevantes en la meteorología.