Nació en Bejucal el 5 de junio de 1865. Hijo de una familia de clase media, creció con el don de la ingeniosidad y el afán por la investigación. Ya joven, le fascina el interés por crear un artefacto aéreo tripulado. Como buen patriota decide que el mejor uso que se le debe dar al invento es para contribuir en la guerra que se libraba contra España.

Para conseguir el propósito de ayudar a la causa independentista desarrolló la genial idea de crear esta máquina voladora y fuera capaz de lanzar bombas a las tropas españolas desde el aire. El invento se denominó velocípedo aéreo.

Muy poco se sabía entonces sobre algo que no existía aún: la aviación. Escasos hombres lo intentaban; entre ellos Sir George Caley, de quien Comas Pons consulta sus estudios de aeronáutica. Pero no le basta. Busca más información e investiga.

Con los conocimientos adquiridos en su búsqueda, diseñó y creó un monoplano a pequeña escala de 28 onzas de peso. La armazón era de güines y papel; las aspas de cedro y el motor contaba con una máquina de reloj reforzada. La prueba que tuvo lugar en su casa superó con creces sus expectativas. Al accionar el mecanismo, el equipo tomó una altura inesperada, al punto que se impactó contra el techo. Aquel fue el primer paso hacia el objetivo supremo.

El invento lo denominó velocípedo aéreo. Arturo Comas Pons tuvo muchos tropiezos para concebir su invento, pues la máquina no debía ser más pesada que la atmósfera. Había que reducir a un mínimo el peso del aeroplano o equiparlo con potentes motores para que el mismo se mantuviera en vuelo. Con mucha paciencia y pocos recursos superó estos obstáculos. Trabajó con mucha discreción para no levantar sospechas ante las autoridades españolas. Finalmente hizo una prueba en las canteras cercanas a Bejucal, donde consiguió que su monoplano hecho con papel y güines, volara más de 100 m en forma de circunferencia antes de estrellarse contra el farallón. El invento era un éxito.

A continuación, algunos de los párrafos de la carta que Arturo Comas le envió a José Martí, el 25 de marzo de 1893:

“Señor José Martí, New York. Con motivo de haber inventado un aparato que bien pudiera llamarse un velocípedo aéreo, y que en miniatura me ha dado los más brillantes resultados, creo mi deber dedicarlo antes que a nadie a mi patria por lo que me dirijo a usted para que tenga a bien ayudarme en las pruebas que en mayor escala necesito realizar para hacerlo aplicable a los usos de la guerra.

“Las ventajas que puede reportarnos el velocípedo aéreo no creo que escapen a su perspicacia, toda vez que con media docena de ellos se puede arrojar en medio de la noche una lluvia de bombas sobre un campamento sin ser vistos”.

Comas explica en su carta aspectos técnicos, costos, etcétera, para que fueran considerados por Martí y la Junta Revolucionaria de Nueva York.

Dibujo que acompañaba la carta

Seis meses más tarde su propuesta es contestada por Félix Iznaga, quien en nombre de la Junta Revolucionaria, le comunica que la limitación de fondos impedía aceptar su proposición. “No será posible desviar los escasos recursos de la Revolución para costear una investigación a largo plazo y sin la certeza de poder aplicar el invento en la cercana Guerra de Independencia”.

De esta forma perdimos la primicia de que un cubano fuera el inventor de la aviación y el primer piloto del mundo.

En 1895 Comas debió marchar al exilio a los Estados Unidos, allí trata infructuosamente de convencer a algunos patriotas para utilizar su invento. El paso del tiempo lo hace desistir de su idea.

Busto de Arturo Comas Pons en Bejucal

Arturo Comas Pons falleció en Colón, Matanzas, el 22 de agosto de 1948 a los 83 años.