En esta ciudad llena de encantos todavía corre una historia que data del siglo XIX y que ha pasado de boca en boca hasta nuestros días. Resulta que allá por el año 1893 llegó a Baracoa un misterioso señor llamado Vicente Rodríguez, procedente de Poza, provincia de la Coruña en España.

Dicen que era un rico comerciante y que se hizo de una gran fortuna en Santiago de Cuba. Por esos días era tratado como un gran señor y su inteligencia inspiraba respeto.

Un buen día Vicente se marchó, pero nadie supo a dónde fue. Algún tiempo después regresó a Baracoa, exactamente en el año 1896, pero su aspecto ya no era el mismo. El hombre llegó despojado de toda fortuna y envuelto en la más cruda miseria.

Se le vio entonces con el pelo desaliñado, una barba rizada muy revuelta y las ropas en harapos. Dicen que enloqueció completamente y que caminaba descalzo y con los pantalones remangados.

Nunca fue agresivo con nadie, pero al verlo deambular solo por las noches, las personas comenzaron a temerle y a esgrimir fábulas tenebrosas sobre la presencia de aquel hombre, al que llamaron el “Pelú de Baracoa” o “El misterioso”.

Hubo quien lo humilló, incluso fue apedreado varias veces y luego de varias protestas populares, el Ayuntamiento decidió expulsarlo para siempre de la localidad.

El día de su partida, el “Pelú de Baracoa”, maldijo aquel lugar. Poco antes de abordar la embarcación donde iba a ser trasladado se le escuchó decir: “en Baracoa se harán muchos buenos planes, se generarán muchas buenas ideas, pero todas se desmoronarán, nada se le cumplirá”.

La leyenda, ya centenaria, continúa intacta en la memoria popular. Y ello motivó a levantar una escultura del personaje la que todos los peregrinos tienen que ver, y hasta retratarse a su lado.