Encontré este artículo en el sitio de Radio Enciclopedia tomado de la revista Verde Olivo y lo comparto con ustedes. Se trata de la creación de la agencia de espionaje del Ejército Libertador. Lo voy a ampliar un poco más buscando sobre el tema.

Cuando en 1884 el general Máximo Gómez estaba en trajines de un nuevo plan para la independencia de Cuba expresó: “El medio más seguro de vencer es saber por dónde, cuándo y cómo viene el enemigo a atacarnos. Procuremos que de nosotros se ignoren estas tres circunstancias”.
Para cumplir dichas máximas, dice certeramente el coronel René González Barrios en la revista Verde Olivo, “se necesitaban hombres de cualidades especiales, pues, en medio de la adversidades, desde las sombras y dentro de la filas enemigas, debían forjarse en la escuela del sacrificio anónimo, la audacia, el estoicismo, la ecuanimidad y la sangre fría”.

Por instrucciones de José Martí y Máximo Gómez se fundó, en la ciudad de La Habana, la Agencia General Revolucionaria de Comunicaciones y Auxilios, organismo secreto con la misión de dirigir la actividad de inteligencia en la guerra que se avecinaba.

El día 5 de enero de 1895 en una casa de la calle Crespo 27 (hoy 113) entre Trocadero y Colón, el ciudadano santaclareño José de Jesús Ramón de la Candelaria Pons y Naranjo había citado a nueve ciudadanos a los que conocía por su valor personal y amor a la causa de la independencia, les explicó el objetivo de la reunión y quedó constituida la Agencia General Revolucionaria de Comunicación y Auxilios, fue designado como presidente el ciudadano José C. Pons Naranjo (el agente general Luis). Participan en la reunión Alfredo Presas de Morales (agente Iris), designado secretario, Juan García Martí (agente segundo Luis), Federico de León (agente El Guajiro), Licenciado Nicasio Estrada y Mora, Isidro F. Boada (agente Oriente), Fortunato Caillet y Viamonte (agente Tejitas) Pedro Benítez Torres (agente Pato) y Alfredo Martín Morales.

Dicho agente general Luis organizó los trabajos revolucionarios de infiltración al enemigo y mandatos de la dirección del alto mando de Ejército Libertador. Para la eficiencia de su trabajo a lo largo y ancho del país, el agente Pons se escudaba en su condición de representante general del periódico La Discusión, lo que le permitía viajar libremente y con la frecuencia requerida a toda Cuba.

Pons no solo se apoyaba para el trabajo de inteligencia en los miembros de la agencia, distribuidos hacia el interior del territorio, sino que también estaba en contacto con conspiradores de otras organizaciones que operaban con iguales propósitos.

Tal es el caso del “Club Juan Bruno Zayas” a cuya dirección había puesto en contacto con Pedro Perfecto Pascual Lacoste y Grave de Peralta (agente Diego González), hacendado habanero que se encontraba al frente de la Agencia de La Habana y agente de Antonio Maceo.

Pedro Perfecto Pascual Lacoste

A riesgo de su vida, hace llegar al general Antonio Maceo, el 6 de junio de 1896 los planos militares de la provincia de Pinar del Río. Maceo se encontraba en la comarca de Vuelta Abajo sosteniendo una de sus más difíciles campañas, cuando recibe los planos del Estado Mayor del Ejército Español, sustraídos de las oficinas del Palacio de los Capitanes Generales de La Habana por otro héroe del silencio, el joven Emilio Carrera Peñarredonda.

A través del Agente Luis, Rafael María Lubian y los demás miembros del “Club Juan Bruno Zayas” se relacionaron con el santaclareño Juan García Martí (agente Luis), conspirador de la agencia dirigida por Pons, y “El Diablo”, la agencia de Caibarién a la que pertenecían José J. Sibón (agente paloma), Vicente Barroso, Lorenzo López, Federico Mora (agente el Cónsul)y Everaldo Malgrat (agente el diablito).

Evidentemente existía una estrecha relación entre estas organizaciones de la inteligencia mambisa, las que operaban bajo el principio de la estricta compartimentación entre sus miembros con el propósito de que si una de ellas era golpeada por el enemigo el resto pudiese quedar a salvo.

La agencia contó en sus filas con periodistas, intelectuales, curas, comerciantes y patriotas simples, quienes aportaron a la dirección revolucionaria durante todo el conflicto, sin ser detectados, informaciones que incluyeron hasta planes del propio Capitán General Valeriano Weyler,

La eficiencia de su trabajo, y el de sus hombres, queda demostrada en estos párrafos de una carta que le envió Martí: “Vuestra obra de organización ha quedado perfecta de San Antonio a Maisí, ¡Cuánto trabaja Ud. Cuánto aún nos queda por hacer! ¡Cuando será el día que le pueda abrazar en la patria libre y feliz…!”

El coronel René González Barrios, en su artículo de la revista Verde Olivo nos dice: “Aquellos nueve hombres prepararon con tal profesionalidad el trabajo de inteligencia contra España que todavía hoy causa asombro el grado de perfección técnica alcanzado. Eran pocos, lo cual les permitía garantizar un mayor grado de compartimentación. Actuaban según los planes elaborados por el agente general Luis”.

Libro escrito sobre el tema

Podemos mencionar que el ayudante del Gobernador español de Victoria de Las Tunas, Félix Toledo Vidal y su hombre de confianza, el francés Charles Philibert Peissot Latout (Charles Filiberto Peiso), fue el agente “Aristipo” de la inteligencia mambisa al servicio del Mayor General Vicente García. Fue uno de los agentes secretos más importantes de la Guerra de los Diez Años. Con él alcanzó el grado de capitán del Ejército Libertador.

Se incorporó como sargento al Primer Regimiento de Infantería de España, destacado en la ciudad de Victoria de Las Tunas. Allí fungía como secretario. Aristipo fue la figura clave en la toma de la mencionada ciudad por tropas mambisas, asunto que le costó la vida, ya que los españoles descubrieron que la toma de dicha ciudad se debió a los informes del agente. Su esposa Iria Mayo fue la mensajera de los informes. Luego de la batalla fue perseguido hasta que dieron con su paradero y murió en un enfrentamiento el 7 de julio de 1877. El cadáver de Charles Peiso fue capturado por los españoles e identificado por uno de los soldados. Sedientos de venganza, no mostraron el menor respeto por sus despojos. Lo despedazaron y, a manera de escarmiento, esparcieron luego sus restos por la Plaza de Armas de Victoria de Las Tunas.

En la Casa Iberoamericana de la Décima de Las Tunas, lugar que fue su casa hay una tarja conmemorativa que lo recuerda.

El presbítero Guillermo González Arocha, cura de Artemisa, bajo los seudónimos de “Virgilius o Favio Rey, era, sorprendentemente, el delegado de la Revolución en Vuelta Abajo”. Desde el comienzo de la Guerra del 95, González Arocha, se vinculó con las fuerzas insurrectas y fue designado Sub Delegado de la provincia de Pinar del Río, en representación del Jefe del Cuartel General del 6to Cuerpo. Allí se vinculó con la patriota Magdalena Peñarredonda, Delegada de la Revolución en Vueltabajo, y responsable de las redes de inteligencia y aseguramiento del ge­neral Antonio Maceo en el Sexto Cuerpo, y de sus sustitutos los mayores generales Juan Rius Ri­vera, puertorriqueño, y Pedro Díaz Molina. Al concluir la guerra, le otorgaron el título de Veterano. Años después, lo condecoraron con la gran Cruz de Carlos Manuel de Céspedes y tras fallecer el primero de abril de 1939, le rindieron honores militares.

Feligreses y pueblo en general se unieron al duelo. Su cadáver fue tendido en la Catedral y sepultado con honores de capitán del Ejército Libertador, grado que le había sido reconocido al terminar la guerra de independencia.

Nadie imaginaba que el ilustre músico holandés Hubert de Blank y el agente 209 de los servicios secretos del Ejército Libertador eran la misma persona, fue encarcelado por el gobierno colonial, por militar en la Junta Revolucionaria de La Habana. Fue deportado de Cuba y marchó a Nueva York.

Manuel Torres (agente Chicho), fue un agente secreto del Generalísimo en Ciego de Ávila, luego fue alcalde de la ciudad.

También fueron agentes de la inteligencia mambisa Antonio Gavilán (agente El pájaro), Luis E. García (agente Estrella), Agustín G. Osuna (agente San Jorge) y Rafael G. Osuna (agente Florier).

Durante mucho tiempo estos héroes, en su mayoría de origen humilde, arriesgaron sus vidas trabajando en las entrañas de enemigo. La seudorrepública instaurada en 1902 en Cuba, no se acordó nunca de estos patriotas. El ex agente General Luis, en la trinchera del periódico Patria y Libertad, continuó su lucha por un patria digna, combatiendo la corrupción y los desgobiernos, hasta su muerte.