Silvia, ¿cuántas personas no recuerdan ese nombre? Muchos dirán, esa era la foca del Acuario.

En 1974 el Acuario Nacional en La Habana contó con su primer mamífero, un lobo marino al que le pusieron Silvia, el cual se convirtió en su animal más popular y atractivo. Silvia no era una foca, aunque todos la nombraban como tal, era una representante de la especie de lobo marino del Cabo. Un día la embarcación Arimao, de la Flota Cubana de Pesca, capturó accidentalmente a un lobo marino (Arctocephalus pusillus) en aguas sudafricanas. Los pescadores lo adoptaron y ella se quedó en el barco y navegando y navegando llegó al Acuario Nacional de Cuba, donde fue acogida y se aclimató enseguida.

Fue amaestrada por especialistas y se montó un espectáculo solo para ella, fue por muchos años la atracción principal del Acuario. Silvia escapaba de su estanque para visitar las oficinas, asustar a los custodios en la madrugada, y recibía la visita de miles de personas. A pesar de tener todas las posibilidades para huir al mar, jamás lo hizo; al parecer disfrutó de su estancia en el Acuario. Casi siempre los niños allí reunidos al verla coreaban su nombre y ella complacía a todos con sus piruetas, regalaba flores o besaba a los más pequeños, aún a pesar de su corta vista. Tras su muerte se encuentra embalsamada en el Museo de Historia Natural, otra institución científico-cultural cubana que genera colecciones de objetos de la naturaleza.