Jaume Buenaventura Ambrós Partagás y Ravell nació el 7 de diciembre de 1816 en Arenys de Mar, ciudad costera de Barcelona (España). Hijo de Jaime Partagás (sastre) y de Teresa Ravell. Llegó a Cuba en 1831, con 14 años y fundó con la ayuda del comerciante de Lloret de Mar, Juan Conill y Pi, posiblemente el comerciante de tabaco más importante en los inicios de la segunda mitad del siglo XIX en la Isla,  una pequeña fábrica de tabaco en La Habana a los 18 años.

De la relación con Conill, Partagás aprendió las técnicas de almacenaje y fabricación de tabacos, del intercambio con los cosecheros y los secretos de la parte agrícola. En 1838, aproximadamente, Jaime Partagás se independizó, comenzando a producir tabacos por su cuenta en un pequeño local, hasta que en 1845, con capital propio y de su esposa Catalina Puig, fundó su propia fábrica en la calle Barcelona No. 1, que en aquella época se llamaba Cristina, haciendo esquina a Industria No. 146, donde tenía su almacén de tabaco en rama. Vendía entonces sus puros bajo la marca La Pureza de Partagás, y en 1848 solicitó licencia al gobierno para registrar la marca La Flor de Cabañas Partagás y Compañía, nombre que tuvo que variar en 1854 por la demanda que le impusiera en 1851 Manuel González Carvajal, propietario de la marca H. de Cabañas y Carvajal, quien alegaba que Partagás hacía uso de su apellido para aprovecharse del crédito de su marca y convencer a los compradores de que su producto era lo mejor y más selecto de Cabañas. La diatriba legal duraría cinco largos años y finalizaba con la sentencia firme de obligar a don  Jaime, a no usar dicha denominación para los productos que llevaba comercializando desde 1848.

Así se vio obligado a adoptar otra denominación y decidió entonces inscribirla en el registro como “Flor de Tabacos de Partagás y Compañía”, aunque sus tabacos se conocerán, sencillamente, como Partagás. La autorización y registro se conceden un año después, de lo que llegaría a ser la marca de elaboración de tabacos, cigarrillos y picadura más famosa y conocida a nivel internacional. Sus manufacturas ganaron muy pronto prestigio internacional por su calidad y perfección. Es este el preciso momento en que la fama le alcanza de pronto y con todas sus consecuencias. Las ganancias de sus negocios serían convertidas en inteligentes inversiones y bien puede decirse de él, que fue creador de uno de los imperios tabaqueros más famosos del mundo.

El nombre de su fábrica era “La Flor de Tabacos Partagás”, pero fue cambiado más adelante por “Real Fábrica de Tabaco Partagás”, y supuestamente se eligió este nombre, ya que por su calidad Jaime Partagàs había llegado a ser proveedor de puros a la nobleza de diferentes países de Europa y Asia. 

Mientras ocurría todo esto, se dedicó juiciosamente a comprar diferentes plantaciones en la región de Vuelta Abajo, convirtiéndose en propietario de muchas de las mejores plantaciones del cultivo de tabaco de Cuba, adquiere la finca Hato de la Cruz, en el municipio de Consolación del Sur, provincia de Pinar del Río, para cultivar su propio tabaco. También establece allí dos tiendas donde los agricultores podían adquirir a crédito, todo lo que pudieran necesitar para sus hogares y el trabajo en el campo.

Pero las tiendas erigidas por Partagás en sus fincas, también eran motivo de rivalidades con los propietarios de otras tienda vecinas, cuyos dueños sentían envida incontrolable por el éxito de los establecimientos de don Jaime, que por aquella época atraían cada vez a más clientes.

El 18 de junio de 1868 poco después de recibir la sentencia favorable de su juicio sobre la demanda presentada en su contra por Pedro Mató Estalella y otros vecinos de Consolación del Sur, Partagás es herido gravemente de un disparo. La demanda fue por el cierre de dos caminos que se encontraban en los terrenos de su hacienda Hato de la Cruz que eran de uso público  y  dichos terrenos se iban a cultivar por su dueño.

El hecho ocurrió en un lugar cercano a su finca de Hato de la Cruz. Iba sobre uno de sus caballos por uno de los tramos de su hacienda, cuando el disparo del trabuco cortó la tonadilla que silbaba. Cayó del caballo, y a duras penas pudo llegar, casi a rastras, hasta su finca. Jaime Partagás fallecería veintinueve días después del atentado, como consecuencia del paulatino agravamiento de sus heridas. En un intento desesperado de viajar a La Habana, con la terminante oposición de los médicos que le atendían, sus heridas no resistieron el viaje, falleciendo el 17 de julio del propio año, en casa de unos amigos, en la localidad de Pinar del Río.

El trágico suceso conmocionó a Cuba entera, de las crónicas y declaraciones autoinculpatorias del asesino a sueldo que le disparase, el negro libre Pedro Díaz, empleado de una de las vegas de Jaime Partagás, se deduce que debió tratarse de un asesinato por dinero, por motivos no suficientemente aclarados, pero que seguramente debió provenir de enemigos comerciales o personales, relacionados con los negocios del tabaquero. En el juicio contra Pedro Díaz se vertieron graves acusaciones por parte de la familia Crespo, por las que se afirmaba que fue el dinero de los Cabañas el que financió la muerte de Partagás. Ciertamente, nunca se pudo demostrar la veracidad de tal acusación.

Lo cierto es que Pedro Díaz fue encarcelado, juzgado y presionado para que informara quienes le podían haber inducido a cometer el crimen. Torturado y apaleado hasta casi matarlo, nada dijo, siempre confesó que él era el autor del atentado, pero jamás desveló los motivos. Pocos días después, el asesino de Partagás apareció misteriosamente asesinado en la cárcel donde estaba recluido, considerándose el caso como cerrado”.

Quedaron como propietarios de su fábrica y hacienda su viuda Catalina Puig y los hijos de ambos, José, Teresa, Clementina y Adela, quienes se asociaron al asturiano Juan Antonio Bances y González para finalmente venderle a él, la fábrica, sus marcas y las tierras en Pinar del Río. Luego fue vendida por Juan A. Bances a Ramón Cifuentes Llano en 1889.