Los cubanos somos fanáticos del mango: en jugo, dulce o a mordidas no lo perdonamos. Pero… ¿sabe usted que los mangos no son nativos de esta isla?El mango es originario de Asia y se cultiva desde hace casi 6000 años, su consumo se reducía al continente asiático hasta que en el siglo XIX se introdujo en Brasil gracias a los exportadores portugueses y poco a poco se fue expandiendo por el mundo.

Científicamente se le llama Mangifera indica, llamado comúnmente mango o melocotón de los trópicos, es una especie arbórea perteneciente a la familia de las anacardiáceas. Es de origen asiático (noroeste de la India y norte de Birmania) introducido a mediados del siglo XIX en el Brasil por los portugueses. Afortunadamente, el cultivo de los mangos se extendió a todas las áreas tropicales y subtropicales del mundo.
La llegada del mango a Cuba quedó eclipsada por coincidir históricamente con dos sucesos trascendentales como el triunfo de la Revolución Francesa y la proclamación del primer presidente de los Estados Unidos, que apenas dejaron espacio en la prensa de la isla.

El comerciante inglés Felipe Alwood, apoderado de la firma londinense “Baker and Dawson”, principal proveedora de esclavos que había en Cuba en esa época, estaba asentado aquí, y a su regreso de Jamaica en el invierno de 1782, trajo en su equipaje una semilla de mango.

Alwood la vendió al jardinero de los condes de Jibacoa, Gervasio Rodríguez, cuyo nombre lo lleva la popular calle de Centro Habana, quien decidió plantarla en la hacienda de Micaela Jústiz, ubicada en esa céntrica barriada, cerca de la Iglesia de la Salud, en el propio año de 1782.

Ocho años después, en 1790 se habla de su germinación en el papel Periódico, publicación de la época, y que ese primer árbol produjo en su primer año cinco mangos, de los cuales dos se vendieron en una  onza de oro, cada uno.
En fechas posteriores entraron por otros puntos de nuestra geografía nuevas semillas de mango, seguro de otras variedades, hasta el punto de volverse común en toda la isla.